Infección postoperatoria dental tras una extracción: causas y soluciones

Entre las infecciones postoperatorias tras una exodoncia se destaca la alveolitis como la patología más prevalente, aunque se pueden dar otras como la osteítis, la celulitis o el adenoflemón. 

La alveolitis suele ser la principal causa de dolor entre el segundo y quinto día después de la exodoncia. La alveolitis suele ser la consecuencia de una perturbación de la cicatrización de la herida alveolar después de la exodoncia. Esta puede clasificarse en: 

  • Alveolitis que se presentan con inflamaciones óseas más extendidas; osteitis, periostitis óseas, flemones perimaxilares, etc.  
  • Alveolitis húmeda o supurada. Marcada por la infección del coágulo y del alveolo, y se puede encontrar un alvéolo sangrante con abundante exudado. Suelen estar producidas por reacciones de cuerpo extraño en el interior del alveolo, después de la exodoncia.  
  • Alveolitis marginal superficial. Variante de la anterior donde la infección es más moderada y sólo afecta a la zona ósea superficial.  
  • Alveolitis seca. En este caso el alveolo se presenta abierto sin existir coágulo y con las paredes óseas totalmente desnudas. Es la más importante y su clínica es muy típica.  

Los factores predisponentes a este proceso se agrupan:  

  • Factores generales. La edad avanzada puede ser un factor predisponente ya que el ligamento periodontal va perdiendo vascularización y se espesa.  
  • Factores locales persistentes. El maxilar superior existe una estructura ósea esponjosa muy vascularizada, en la que la alveolitis seca es poco frecuente, todo lo contrario en la mandíbula. La infección previa del diente extraído o en su vecindad pueden influenciar de forma moderada en la patología.  
  • La saliva. Después de una intervención quirúrgica en la cavidad bucal, la actividad fibrinolítica salivar sufre una disminución a causa de un factor inhibitorio. Si falta este factor inhibitorio aumenta la tasa de plasmina salivar y se instaura un cuadro de alveolitis seca.  
  • La anestesia local. Su influencia es muy importante ya sea por el efecto tóxico de sus productos químicos o bien por el efecto vasoconstrictor que produce una disminución del aporte sanguíneo al hueso. 
 
  • Factores postoperatorios. El abuso en los enjuagues de la boca o la succión repetitiva representan factores discutibles. Fumar provoca una vasoconstricción que perdura después del acto y produce una incidencia de cuatro veces superior de alveolitis seca.  
  • El trauma operatorio. Una técnica quirúrgica traumática favorece este proceso debido a la lesión de trabéculas óseas, la utilización de turbinas o no irrigar el campo operatorio provocan calor que favorece la necrosis ósea. La experiencia del cirujano, la duración de la intervención y el tipo de extracción dentaria son factores determinantes en el posible daño al hueso.  
 

El tratamiento de la alveolitis va encaminado a la curación del proceso y al alivio del dolor: 

  • El tratamiento local se basa en la limpieza de la cavidad con irrigaciones de SF estéril templado, sin ejercer una presión excesiva en el momento de lanzarlo al interior del alveolo. Se colocará en el interior del alveolo una gasa impregnada de solución, con eugenol y glicerina, para disminuir el dolor y acelerar el proceso de formación del nuevo tejido óseo. Esta gasa se irá intercambiando cada día, hasta que exista tejido de granulación en las paredes de la cavidad oral. Se realizarán controles cada 3 o 4 días hasta que ceda el dolor. Se deberá irrigar la zona mediante una jeringa con sustancias antisépticas como la clorhexidina después de cada comida durante aproximadamente 3 semanas. 
  • El tratamiento sistémico mediante analgésicos para el dolor dependiendo de la intensidad de éste. Los antibióticos suelen prescribirse para evitar una posible infección, pero no son necesarios en sí para la curación de la alveolitis seca. 

La bacteriemia postextracción puede ser inofensiva en un individuo con el corazón sano. No ocurre lo mismo cuando el paciente tiene una cardiopatía congénita o adquirida o bien existe una intervención quirúrgica previa. Para prevenir este problema debe hacerse un uso profiláctico de los antibióticos. Otra medida para solucionar el problema es realizar una tartrectomía previa a la extracción.  



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